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Crítca y dialógica. El proyecto como acción



El trabajo de la crítica arquitectónica, comenta Josep Maria Montaner(1), tiene como misión básica intentar reconstruir el contexto de la obra analizada: desvelar las raíces y los antecedentes, las teorías, los métodos y las posiciones que están implícitas en el objeto.
Esta contextualización, atenta como exige Susan Sontag a la forma, se produce en dos direcciones: hacia el pasado, reconstruyendo influencias y genealogías de la obra y hacia el presente, extendiendo la interpretación a los valores, connotaciones y creaciones contemporáneas.

En el mismo sentido Peter Bürger asevera que toda crítica debe ser dialéctica. Esto es: abierta e inclusiva de modo que reciba el estímulo sensible de las mejores cualidades de la obra pero atenta a las contradicciones y las paradojas que permanecen ocultas.
Incorporar esta dialéctica en la crítica tiene por objeto revisar lo que se estudia añadiendo parámetros capaces de actualizar el objeto, el proceso o la estrategia criticados -con argumentos basados en pretensiones de validez y no de poder-.
La revisión del pasado incorporando el presente.

Roland Barthes(2) sostiene que en la literatura la crítica y el objeto literario ya no pueden mantenerse separados, pues se encuentran una dentro de la otra, o si se prefiere, son la misma cosa. Y pone de ejemplo el trabajo del poeta Stéphane Mallarmé, que unifica poesía y crítica.

En la misma línea, Alfredo Linares(3) añade que la copia contiene la crítica de aquello copiado mediante la incorporación de herramientas propias del que 'copia': de este modo, la 'copia' o crítica recupera el pasado, revisado mediante el contexto contemporáneo e intuyendo en este sentido, nuevos presentes.
El hombre adquiere sus primeros conocimientos imitando. Es un aprendizaje basado en el placer de contemplar imágenes; y se basa en dos aspectos: 1. el valor técnico de la imitación bien hecha -de la retórica; y 2. el reconocimiento que el espectador experimenta frente al arquetipo imitado -entendiendo la copia en un sentido dinámico y no como simple copia.

Se propone que el proyecto de arquitectura contenga en sí mismo esta crítica dialógica: el proyecto como acción.

Incorporando complejidad: la visita de Calder a Mondrian. Una intervención en la plaza del Fórum de Barcelona
“En el otoño del año 1930, un ingeniero mecánico de treinta años llamado Alexander Calder visitó el taller de Piet Mondrian. Calder quedó maravillado y asombrado ante lo que vio ahí: lo que vio fue una enorme pared blanca de la que colgaban unos tableros rectangulares pintados de amarillo, rojo, azul y varios grises que formaban una composición. Sintió, sin embargo, que algo faltaba en esa perfección compositiva: una perfección muerta, completa y para siempre inmovilizada. Calder le preguntó a Mondrian si no sería mejor si esos elementos de color pegados y fijos a la pared pudieran moverse; moverse cada uno con un ritmo distinto, con su propia velocidad.”(4)

Los aspectos que sugiere la visita de Calder a Mondrian son dos: A. El artista incorpora complejidad.
La habilidad que mostró Calder para incorporar a su trabajo la esencia de la obra de Mondrian. Posiblemente los móviles de Calder nacen a raíz de esa visita:
1. las primeras obras de Calder -previas a la visita a Mondrian- eran retratos y esculturas realizadas únicamente con alambre; y 2. tras la visita, Calder consigue añadir complejidad a su obra mediante la construcción de objetos móviles con formas simples y colores primarios: la crítica de Calder –a la obra completa e inmóvil- se incorpora así en su propia obra, que de algún modo contiene también la de Mondrian.
Calder utiliza el juego como sistema creativo(5). También utiliza la imperfección, en la que encontraríamos vínculos con el Arte Povera.

B. El observador incorpora experiencia.
Al ver una obra, el espectador aprecia una experiencia estética: como en toda obra el artista busca reproducir una situación o unas cualidades de la realidad jugando con las limitaciones del soporte. Es precisamente esta limitación la que invita al observador a involucrarse, a rehacer o si se prefiere a intentar acabar la obra. Y es en este proceso, comenta Lévi-Strauss(6), donde se produce la experiencia estética que percibe el espectador.
Otra visita, esta vez a Nueva York. Obras de Piet Mondrian y de Alexander Calder en el MOMA, el Whitney Museum y otros. Si bien en el trabajo de Mondrian –como obra ‘completa’- la experiencia estética se vivió como ‘experiencia consumida’, la obra de Calder se aprehende como ‘experiencia a incorporar’ a la propia estructura, esta vez sin distancias.

En este marco de crítica dialógica y en relación al proyecto urbano y al espacio público, se parte de la experiencia adquirida en Barcelona -como arquitecto y fundamentalmente como usuario de espacio público de esta ciudad-. En este sentido, se fija la atención en el esfuerzo que se hizo en Barcelona para dotar al proyecto urbano de capacidad para generar espacio público que a su vez fue capaz de (re)generar, (re)vitalizar y (re)estructurar su entorno.

El proyecto realizado en el Fórum de Barcelona -en el marco del Master de teoría y práctica del proyecto arquitectónico- para dotar a la plaza de una escala más humana, es también juego y crítica: una superposición de complejidad.
Es crítica en tanto que cuestiona el tamaño y la escala del lugar; es dialógica en tanto que se plantea la deconstrucción de lo que existe - y no una nueva construcción. Es la ejecución de una serie de agujeros distribuidos en la superficie de la plaza.
Si bien la plaza transmite una sensación de vacío –una inquietante sensación que incita a pasar por el lugar casi corriendo- el proyecto busca no anular esta sensación sino tensionarla y trabajarla. Dotar a la plaza de lugares en los que detenerse, sentarse y charlar sin que sean un obstáculo visual de la totalidad.
El juego determina la situación exacta de los distintos agujeros -planteados como cruces, que nacen de la lectura del libro: L’espai clos(7), de Gerard Horta.
L'espai clos es el diario de un antropólogo que durante 15 días y con un promedio de 6 horas diarias recoge notas de las situaciones sociales que acontecen durante la celebración del Forum de las Culturas 2004. Gerard Horta anota minuciosamente las derivas y los desplazamientos de los personajes que habitan el recinto día tras día.
Del total de recorridos del diario se escogen seis al azar. Se reinterpretan y dibujan en un plano del lugar con la ayuda de un antiguo mapa de actividades del Fórum. Se observa que a pesar de la gran variedad de opciones para llegar de un punto a otro las personas estudiadas siguen unos recorridos más o menos constantes (fig. 1).



El proyecto interviene en las intersecciones de los recorridos incorporando, en cierto sentido, parte de la memoria del lugar. En las intersecciones se colocan cruces (fig. 2): elementos desplegados a lo largo de la explanada como accidentes en los recorridos: fragmentos en los que retener la mirada. Cruces de gentes entendidos como cruces excavadas, insinuadas, inacabadas y abiertas.





(1) Montaner, Josep Maria. Arquitectura y crítica. Editorial Gustavo Gili. Colección GG Básicos. Barcelona 2007
(2) Barthes, Roland. Crítica y verdad. Siglo veintiuno editores. México 1991
(3) Linares y Soler, Alfredo, La enseñanza de la arquitectura como poética, capítulo 5, revista Arquitectónics mind land y society, nº 14. Edicions UPC, 2006
(4) Bauman, Zygmunt, Arte, ¿líquido?, Editorial Sequitur, 2007
(5) por ejemplo en el repertorio de pequeñas y variopintas figuras de su circo, el Calder's Circus expuesto en el Whitney Museum de Nueva York y del que se puede ver el documental Le cirque de Calder
(6) Lévi-Strauss. El pensament salvatge. Edicions 62. Barcelona 1985 (original 1962)
(7) Gerard Horta. L’espai clos, Forum 2004: notes d’una travessia pel no-res. Edicions de 1984. 2004