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Del espacio cristalizado a la apropiación. Hacedores de ciudad



En relación al contexto social contemporáneo, observa Zygmunt Bauman(1): '...se han dado o se están dando ahora una serie de novedades no carentes de consecuencias que generan un escenario nuevo y sin precedentes para las elecciones individuales y que presenta una serie de retos antes nunca vistos. En primer lugar, el paso de la fase sólida de la modernidad a la líquida. (…) Resulta improbable que las formas, presentes o esbozadas, cuenten con el tiempo suficiente para solidificarse y dada su esperanza de vida, no pueden servir como marcos de referencia para las acciones humanas y para las estrategias a largo plazo, de hecho, se trata de una esperanza de vida más breve que el tiempo necesario para desarrollar una estrategia coherente'.
Ante este escenario, cabe preguntarse sobre las habilidades del proyecto urbano como diseño y en relación al espacio público. Oriol Bohigas comenta al respecto:
“El espacio de la vida colectiva no puede ser un espacio residual, sino un espacio significativo, proyectado, minuciosamente diseñado, al que han de supeditarse las construcciones públicas y privadas”.(2)

Si bien el uso del proyecto urbano como herramienta, tal como se detecta en Barcelona, es capaz de articular un entorno fragmentado y generar un polo de información y de referencia en un barrio, también puede llegar a provocar un efecto indeseado: la cristalización del espacio público.
Las premisas y herramientas del proyecto se concretan en un tiempo determinado y con unos requerimientos concretos, fruto también de las cualidades constructivas y tecnológicas del momento; los proyectos minuciosamente diseñados, difícilmente serán capaces de absorber evoluciones simultáneas a los cambios en la cultura, especialmente si no es posible conocerlos por tratarse de situaciones futuras.

Rosa Tello(3) habla, en relación al espacio público, de la clasificación que hace Nuria Benach del espacio social: el espacio percibido, el concebido y el vivido. Así mismo, traza un paralelismo entre el espacio social y el espacio público: el de la renovación -al referirse al espacio del poder o de la regulación-, el espacio como diseño -al referirse al aspecto material-, y el espacio de la gente -al referirse a la apropiación y a la multiplicidad de usos.
Así, el ‘espacio del poder’ o espacio político llevado al límite genera, en el mundo globalizado, una competición entre las distintas ciudades en tanto que el espacio público ha de presentar las cualidades formales que hagan la ciudad atractiva y única, de manera que destaque por encima de las otras, también atractivas y únicas. Se inicia en este sentido, una carrera internacional de oferta de espacios urbanos destinados a captar la implantación de actividades productivas y de flujos de consumo, espacialmente los turísticos. En el comercio mundial de espacios urbanos, cada ciudad, mediante su imagen, deviene en sí misma objeto de consumo (o de cambio).

En otras coordenadas y atendiendo a un más que probable conflicto entre proyecto urbano, diseño y entorno social sorprende el uso del territorio como objeto de cambio en India(4) y en las nuevas estrategias urbanística que están implantando. El gobierno está cediendo el control del desarrollo de extensas áreas aisladas en el país al capital de empresas privadas extranjeras. El diseño de estos lugares públicos se aleja enormemente de la forma tradicional de los espacios públicos en India y de sus usos y lógicas. Las cualidades de cristalización de uso y las contradicciones que surgen en la información desde el proyecto de espacio público resultan aquí evidentes y exponenciadas.

En atención al espacio público como lugar de lo social, podríamos suponer que el espacio político (o espacio del poder) y el espacio de diseño (o espacio concebido) contienen en sí mismos parte del espacio social:
Resulta evidente que el espacio político difícilmente se sostiene sin una base social que permita y acepte los cambios introducidos. El espacio de diseño debe incluir -algunas veces ya lo hace- el estrato social en su génesis ya que en definitiva genera espacios de uso; muchas veces las soluciones de diseño más eficaces -en relación al mantenimiento o al uso de mobiliario urbano- provocan una cierta 'cristalización' del uso de estos espacios en el tiempo.

Si bien el proyecto de arquitectura contiene en sí mismo el concepto diseño -la arquitectura hace forma-, éste ha de nutrirse de herramientas, que huyan de posibles cristalizaciones y que por tanto promuevan y celebren la apropiación del espacio público.
El uso de los espacios –y la lectura que se haga de éstos- es precisamente el que ha de promover la apropiación, concepto clave en la identificación del colectivo con el lugar del intercambio social.

(1) Bauman, Zygmunt, Tiempos Líquidos, Ensayo Tusquets Editores, Barcelona, 2007.
(2) Bohigas, Oriol. Discurso de agradecimiento en la recogida del premio RIBA 1999.
(3) Tello, Rosa. Espais Públics. Mirades multidisciplinars, Editorial Pòritc, 2002.
(4) Muñoz, Alfredo. Conferencia impartida en la ETSAB. “Espacio público en los países del sudeste asiático” el 27 de Abril de 2010.