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Legibilidad y espacio público. Hacia nuevas sintaxis. Ciudad y lógica narrativa



Sobre el concepto legibilidad y su aplicación al espacio público en la ciudad, comenta Oriol Bohigas que:
".La forma diseñada del espacio público ha de reunir otra condición indispensable: ser fácilmente legible, ser globalmente comprensible.
. Si el ciudadano no se ve conducido por unos espacios que le comunican su identidad y le permiten predecir itinerarios y coincidencias, la ciudad pierde buena parte de su capacidad de información y de accesibilidad. Es decir, deja de ser un contenedor y un incitador de la vida colectiva.
. Para establecer un lenguaje comprensible, hay que reusar las palabras y la sintaxis que el ciudadano ya ha asimilado gracias a la acumulación y superposición de los diversos términos de una gramática tradicional".(1)

Cabe preguntarse como estos conceptos de legibilidad no se contradicen con aquellos relativos a la posible cristalización del espacio público y la consiguiente pérdida de capacidad de apropiación de los usuarios de éste: acción clave en la identificación de un colectivo con su ciudad y soporte que permite sus distintas lógicas de intercambio.

En este sentido, Corboz(2) habla de “un tablero de escritura en dos dimensiones que se transforma en una matriz tridimensional de signos, inscripciones y textos superpuestos”. Afirma: “el territorio no es un paquete perdido o un producto de consumo que pueda reemplazarse. Cada territorio es único, de ahí la necesidad de ‘reciclar’, de raspar una vez más (pero con el mayor cuidado posible) el viejo texto que los hombres han grabado sobre el material irremplazable que es el terreno, para dejar uno nuevo que responda a las necesidades actuales antes de que, a su vez, éste sea borrado”.
Para Paul Ricouer(3), el filósofo atento al trabajo de la memoria, hay que establecer ‘un paralelismo estrecho entre arquitectura y narrativa, en el cual la arquitectura sería para el espacio lo que la narrativa es para el tiempo, a saber, una operación configurante, un paralelismo entre el construir, es decir, edificar el espacio, y el contar, crear intrigas’.

Estas notas buscan la capacidad de la arquitectura para trabajar este tiempo narrativo. Por eso de nuevo nos fijamos en otras disciplinas que lo experimentan.
El cine trabaja el tiempo narrativo, así por ejemplo, en la película de Fellini Roma, el director nos lleva por distintos tiempos yuxtaponiendo -que no fundiendo- en un único elemento narrativo la Roma de su juventud y recuerdos con la Roma de los años 70, en un ir y venir constante entre los dos tiempos.

Dice Wim Wenders, en un diálogo con el arquitecto Kolhoff, que "lo roto o fragmentario se graba mejor en la memoria que lo entero. Lo que está roto tiene una superficie rugosa donde se puede sostener la memoria. La memoria resbala por todas las superficies pulimentadas de lo que es entero".(4)
La arquitectura, y en especial la experiencia de lo urbano, posee esta cualidad de convivencia simultánea de distintos tiempos y texturas. El palimpsesto como metáfora de la superposición en el tiempo, historias que se entrecruzan saltando de un tiempo a otro. Se trata pues de, aprovechando este recurso, incorporar de una cierta lógica narrativa en las estrategias de intervención en el espacio público poniendo atención a lo ya existente: "un cuerpo vivo de significados en permanente estado de emisión, de inacabable actividad, del tejer y destejer de los registros disponibles en todo momento para accionar desde ellos nódulos y flujos siempre abiertos al movimiento".(5)

"La lectura superpuesta -sigue Ignasi de Solà-Morales(6)- de una realidad que ya no puede verse como un todo unitario sino que, por el contrario, aparece como la yuxtaposición de capas diversas. (..) La noción de arqueología introduce con toda evidencia la idea de que no estamos ante una realidad que se presenta como una esfera cerrada, sino frente a un sistema entrecruzado de lenguajes.(…) El significado no se construye a través de un orden sino a través de piezas que acaban tal vez tocándose, que se acercan, a veces sin tocarse: que se aproximan sin llegar nunca a encontrarse: que se superponen, que se ofrecen en una discontinuidad en el tiempo cuya lectura como yuxtaposición es la mayor aproximación que nos es posible dar de la realidad.”

Ante esta realidad y la condición indispensable del espacio público de ser fácilmente legible, tal como comenta Bohigas, se propone la incorporación de herramientas que:
1. permitan fomentar nuevas sintaxis en un continuo tejer y destejer que evite, en lo posible, la cristalización.
2. incorporen un cierto estado de indeterminación significativa, estimulando la curiosidad y por ende la apropiación.


(1) Bohigas, Oriol. Discurso de agradecimiento en la recogida del premio RIBA 1999.
(2) Corboz, André. Il territorio comme palimpsesto, Revista Casabella, 1983.
(3) Ricoeur, Paul. Arquitetura e narratividade. Revista Urbanisme, n.303, nov./dez. 1998.
(4) VVAA, La ciutat. Conversación entre Wim Wenders y Hans Kollhoff, revista Quaderns, 177.
(5) Prólogo de Ignasi de Solà-Morales en Conde, Yago. Arquitectura de la Indeterminación. Actar. 2000.
(6) Solà-Morales. Diferencias. Editorial Gustavo Gili, Barcelona 2003 (1995).